Gran tiempo fui de males tan dañado, por el dañado amor que en mí reinaba, que a sanos y a dolientes espantaba la vista de un doliente tan llagado. Conveníame andar siempre apartado, según de mí la gente se apartaba, y aquello en que más yo me reposaba era hartarme de ser desdichado. Vime sano después en un momento, y vueltos en placer los males míos; miraban todos esta salud mía con un maravillado sentimiento, como al ciego miraron los judíos espantados de velle como vía. Juan Boscán (1487-1542)