Carta de una empático Aunque me encanta ayudar a los demás, no soy responsable de arreglar tu vida ni de satisfacer tu toxicidad. No soy responsable de gestionar tus factores desencadenantes, de andar con pies de plomo ni de decirte lo que quieres oír para mantener la paz. No soy tu saco de boxeo emocional ni tu esponja emocional. No existo para tu placer ni como un lugar para tu dolor proyectado. Mi responsabilidad es conmigo mismo: ser yo mismo y permanecer fiel a mí mismo, sanar mis propias heridas, gestionar mis propios factores desencadenantes y cuidarme para poder dar a los demás de forma auténtica sin agotarme en el proceso. Mi responsabilidad es mantener límites saludables, especialmente con aquellos que no son saludables.